La última foto
Hace casi un año que regresamos de Francia, pero la búsqueda continúa y los hallazgos nos siguen sorprendiendo. Los ecos de aquel viaje palpitan aún con la misma fuerza y a pesar de que muchos vacíos de la historia que intentamos reconstruir se fueron llenando, queda aún un largo camino por recorrer…
Desandar los pasos de Pedro, que en 1937 decidió que su familia regresara a Gérgal hasta que la guerra terminara. Barcelona estaba siendo bombardeada de forma sistemática por la aviación italiana con base en Mallorca. Estos bombardeos estaban diseñados para desmoralizar a la población civil y forzar su rendición. Pedro no se rindió. Acompañó a su familia y regresó a Barcelona, y como dice el expediente de refugiado del campo de Vernet “fue movilizado en su puesto de trabajo” .
De aquel viaje se conservan una fotos de la familia, probablemente hechas un día de celebración dónde se reunieron hermanos, padres y sobrinos. Seguramente era una despedida, no se esboza ninguna sonrisa en sus rostros. Hay varias fotos. Quizás la reconstrucción de la secuencia podría ser esta:

Adultos y niños, el padre de mi abuelo a la izquierda de la foto. Se ha quitado el sombrero y lo sostiene en su mano. En el centro, María que apoya sus manos en los hombros de una sobrina. Flores, mi padre, está sentado y juega con las piedras, y mi tío Pedro queda medio escondido detrás de una prima.
En la siguiente toma quizás se les pidió a los adultos que no salieran en la foto y que se quedara mi bisabuelo con sus nietos. Se movieron todos hacia otro lugar. Al bisabuelo se le situó en el centro de la foto y ahora entre sus brazos estaba la más pequeña de las nietas. Él se había puesto el chaleco. Algunos niños aparecieron en esta foto. En ese lugar había un agujero, quizás lo había cavado el perro que también apareció en la foto.
Se hizo una foto más. En la anterior, Pedro estaba a un lado y Flores seguía jugando. Aunque la aparición del perro no parecía haber asustado a los niños, algo o alguien hizo que los niños se levantaran. Se recolocaron y esta vez mi abuelo consiguió una foto en la que el pequeño Flores dejara de jugar y le mirara a los ojos, que el mayor, Pedro, levantara el puño, quizás imitando un gesto que probablemente ya había visto otras veces, y que su padre Cayetano, mi bisabuelo tuviera una postura más relajada ante una fotografía que probablemente sabía
que iba a ser la última que le tomara su hijo Pedro.



No consigo entender por qué has tardado tanto en volver a escribir. Enhorabuena. Que no se acabe nunca este cuento de hallazgos y justicias
Un beso, te leo esde la distancia, estando como siempre muy cerca de ti.
Luis