Noticia de los campos II: Mont-Louis

El día 10 de febrero entramos en la Tour de Carol, abandonando la tierra española. Como veníamos retirando desde Oz de Balaguer y Artesa de Segre, muchos estaban agotados, rendidos por el cansancio, por la mala alimentación, por las muchas horas de marcha incesante sobre la nieve. Al entrar en tierra francesa, se nos dio albergue en un prado lleno de agua y cercado de gendarmes.

Pronto corrió la noticia de que allí estaba concentrada la 26 División –los hombres de Durruti, como decían. El prado, habilitado como campo se encontraba en la carretera que va desde la Tour de Carol a Bourg-Madame. Inmediatamente que se localizó a nuestro contingente, las autoridades civiles y militares del departamento enviaron fuerzas para que nos guardasen con los otros batallones de la misma División, buscándonos sitio donde nos tuviesen vigilados y seguros. Llevábamos en torno nuestro la aureola de España y éramos considerados los refugiados más peligrosos.

A los cinco o seis días fuimos conducidos al castillo de Mont-Louis. Yo estaba enfermo y debí ser trasladado en una ambulancia con unos cuantos más, todos medio muertos de fatiga. Nos tuvieron en un almacén de la estación de la Tour de Carol habilitado como hospital sin más medicamento que un vaso de leche por la mañana y otro por la tarde tirados por el suelo sobre un puñado de paja. Para más infamia se nos éramos molestados por elementos de la Sanidad franquista que querían llevarnos a España fingiendo una piedad que no sentían. El dejar acercarse a nosotros a estos elementos era ya un refinamiento de crueldad pues debían suponer de qué forma las ofertas y las frases melosas y falsas de esos hombres producían en nosotros ira y terror a la vez al pensar que quizá se nos llevaría a España entregándonos a nuestros verdugos.

En el histórico castillo de Mont-Louis permanecimos un mes. Durante todo este tiempo estuve viviendo con treinta centilitros de leche y dos ‘combinaciones’ por día. Llamaban ‘combinación’ a tres aspirinas distintas que había que ingerir de una vez y que todavía ignoro de qué curaban o debían curarnos” .

Antonio Herrero en Federica Montseny. Pasión y muerte de los españoles en Francia..Ed. Espoir, Toulouse, 1969

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~ por cartasamaria en 10 septiembre 2009.

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