Noticia de los campos III: Septfonds

Del castillo de Mont-Louis, la división fue conducida al campo de Vernet de Ariège –más tarde convertido en campo de castigo.  A pesar de que las autoridades francesas continuaban contemplándonos como los elementos más significativos y peligrosos de toda la emigración, poco a poco iban sintiendo ante nosotros cierto respecto, al ver cómo nos comportábamos y que no éramos las fieras que ellos esperaban.

Los heridos y enfermos fuimos dejados en el castillo de Mont-Louis, con una compañía del 476 batallón, 119 brigada, encargados de la limpieza del castillo. A los dos o tres días salimos todos –los que no habíamos sucumbidos- llevados en camiones hacia la Tour de Carol, donde embarcamos en un tren especial que debía llevarnos al campo de Septfonds.

Llegamos a Septfonds a primeros de marzo de 1939. No había aún ninguna barraca construida y tuvimos que acampar durante varios días con sus noches en un prado corriendo el agua por el suelo bajo nuestros cuerpos.

A los pocos días fue construida la primera barraca, la número 5, y allí nos llevaron a los enfermos y mutilados, que no éramos pocos.

No. No se puede describir con palabras lo que fueron los días, las semanas, los meses pasados en aquella barraca, que sólo contenía miseria, hambre y dolor. Los hombres allí arrojados como guiñapos ya no eran hombres: no eran más que piltrafas humanas, abandonadas por todo el mundo. Y eran seres que todo lo habían dado por el bien de la humanidad, cuyo único crimen había sido luchar por un mundo mejor; cuya acción tan cruelmente castigada, había sido hacer frente al azote que se iba abatiendo sobre el mundo, asolándolo y desencadenando la más terrible de las guerras: el fascismo.

Ningún cuidado recibíamos; apenas si nos visitaba algún médico- Aquellos que fuimos fuertes y resistentes, gracias a nuestra naturaleza nos salvamos. los más débiles murieron. Con indiferencia, como quien recoge una basura, se llevaban a los muertos, esperando recoger los del día siguiente.

Los hombres morían en silencio, extinguiéndose devorados por la fiebre y la debilidad. Otros maldecían y llenaban de ayes desgarradores la barraca maldita. ¡oh! Jamás la olvidaré. Su recuerdo me perseguirá hasta el último de mis días”.

Antonio Herrero en FEDERICA MONTSENY. Pasión y muerte de los españoles en Francia..Ed. Espoir, Toulouse, 1969

Anuncios

~ por cartasamaria en 11 septiembre 2009.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: