Noticias de los campos VII: Septfonds

“Con el fin de la construcción del campo, la situación se agravó. Las barracas seguían estando abiertas del lado norte: la comida era todavía insuficiente y mala. Los grifos de agua potable no estaban abiertos más que algunas horas al día. En cuanto al arroyo, era casi imposible acercarse a él. El agua estaba sucia. Por culpa de la falta de agua y de la imposibilidad de ir al baño y de lavar la ropa, teníamos pulgas, en cantidades increíbles, al punto que los guardias móviles dudaban si entrar al campo en su ronda: a ellos también los atrapaban. Esta situación dio lugar a numerosas epidemias, sin que las curas pudiesen ser eficaces. Las autoridades habían construido una barraca de enfermería, donde algunos camaradas se esforzaban en realizar las curas; no tenían ni camas ni material; cuanto a los medicamentos, la Cruz Roja los distribuía en proporciones insignificantes. A nuestra sucia y fea vida, había que añadir las molestias de la administración. A veces, por la noche, una compañía de guardias móviles a caballo, sitiaban una barraca y nos hacían salir , bajo el pretexto de control. El comandante del campo nos obligaba mañana y noche a asistir a la izada y a la bajada de la bandera francesa sobre el mástil que había a la entrada del campo. Cada día el personal de una barraca debía quedarse firmes. Medida de provocación: se sabía nuestro estado de espíritu, así se facilitarían las represalias. Nosotros no teníamos nada contra la bandera francesa, era la bandera de la libertad, de la revolución francesa. Pero que las autoridades, que nos tenían encerrados en esas condiciones, exigían de nosotros la postura de ‘firmes’ delante de ella, era demasiado. Sobre miles de hombres de una barraca, una decena se sacrificaban, los otros rechazaban participar en la ceremonia. El comandante nos cortaba los víveres, la barraca se quedaba veinticuatro horas sin comer. juzgando que por nosotros era una cuestión de dignidad, nosotros decidíamos asistir a esta ceremonia. Eso cortó rápidamente las provocaciones de los elementos incontrolados, dio una lección a las autoridades francesas y nos permitió comenzar a poner reivindicaciones por medio del intermediario español.”

MARIANO CONSTANTE, Le partisan espagnol. Ed Tiresias, París, 2004. (traducción de Luis E. Parés)

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~ por cartasamaria en 1 noviembre 2009.

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